3/4/09


Reseña al último libro de Bertoni

El propósito o antipropósito que tiene Claudio Bertoni de publicar cada año al menos un libro, más que una pretensión editorial, a sus lectores atentos y desocupados, se nos presenta como una expectativa de lectura, de provocación y vouyerismo; condición que sólo sorteamos cada vez que nos hacemos de un nuevo ejemplar suyo, como algo casi natural dentro de las lecturas pendientes. Acaso reconociendo las mismas coordenadas que tiene diseñada la forma de su producción, en todas las variantes genéricas (poemas, crónicas, prosa, diario de vida, cartas, fotografías) con las que Bertoni ha desplegado/desintegrado su obra, por más de treinta años de un oficio ininterrumpido.

El ojo de Bertoni que no ha pestañado ante una realidad, que se decide a abarcar desde los más vastos campos de la visión, hasta la microscopía más cotidiana y vulgar. Ampliación y reducción. Entregado, uno, al principio redentor de toda poesía, lograr crear con las palabras; y, dos, también conseguir la anulación total de su objetivo, al traslucir y desnudar radicalmente el recurso de la intimidad. Bertoni sabe que la poesía no es personal, y con eso logra zanjar su exposición, dejando en claro que su poesía es (re)producida como una consecuencia natural de (todo) lo humano. El hombre es un animal que escribe, convengamos, es una bestia salvaje e indomable que desbordado en emociones, carnalidad y espiritualidad, no pone límites a ese flujo, impedido de abarcar dentro suyo aquello que urge por vaciarse. Como si los placeres culpables pudieran borrarse del mundo, al menos, mientras son descritos, Bertoni queda o sale redimido en su apuesta.

Y es que Bertoni no transita por los planos de lo etéreo, sino que resuelve encontrar en el aquí y en el ahora, bajo el temple contemplativo del zen, el valor –incluso– de las miserias posmodernas. Así, se impone transcribir el lenguaje cotidiano, los residuos del habla, como si en ese mismo registro muriera cualquier otra intención comunicativa. Decir es escribir, y poetizar cada minuto es una actividad posible, un ejercicio de estilo que define su proyecto, ya no sólo literario, sino que artístico-creativo.

En esta última entrega, Piden sangre por las puras, retoma el mismo pulso que ha venido desarrollando. Y hace de la razón una motivación más digna para detallar-desentrañar, sin temor ni mezquindad, el suspendido diario de vida que ha venido editando y publicando, impugnando la cita de Beckett: “Rápido, antes de llorar”, donde recogiera sus vivencias-escritas de mediados de los ’70. Este poemario actual, dividido parcialmente en segmentos, se hace más certero separarlo en cuatro momentos: los poemas de París en su época de viajero vagabundo; la continuación del diario de vida; algunos recocidos del bellísimo Harakiri y los libros posteriores; hasta una elegía a lo mundano, fisuras del tempus fugit, bañado por un monólogo interior que no se explicaría de otro modo que no fuera la representación de la vida misma, esta mise en scène bertoniana, con que cierra el libro, bajo el nombre críptico “Bach”, y que pareciera querer arrastrarnos con ella.

Es un hecho que Bertoni no para, y que cada libro es una ventana abierta por donde se cuela lo mejor de ese recorte del mundo que muchas veces no vemos. Un poeta que roba besos y torsos y rostros y piernas y senos con su cámara a la altura de la pelvis. Un lente que es extensión de su oído, de sus mejillas pecosas, su pelo encanecido por el descuido de vivir suspendido en el tiempo, por sobre la derrota, la ruina y la perdición.

Bertoni no lee en público, no asiste a lecturas poéticas, no presenta a nadie, ni mucho menos lanza sus propios libros. Es la consecuencia absoluta de la obra por sobre el autor, pese a lo contradictorio que pueda parecernos, la misma materialidad de su escritura.

Claudio Bertoni es, con sobradas razones, uno de los poetas vivos más interesantes y propositivos en Chile, ya que no sólo es capaz de satisfacer a sus seguidores, sino que también de convertir en fans a las generaciones más jóvenes que llegan a entender, de qué modo vivir más que un acto de fe, es una provocación a la muerte desde y por la poesía. La mejor forma de mirar tranquilos la catástrofe y aún seguir sonriendo.

23/12/08

La elocuencia de los gestos.



por Daniela Azanja *

El Gesto Elocuente

Gerardo De Oscar


Diciembre 2008.


Según su definición ,el cuento es una historia breve y concisa, la presentación de la unidad dramática y de acción se concentra en un único punto de interés. Este axioma resume las ideas más comunes que afectan a estos conceptos, pero sin dejarnos atrapar por este dogma diríamos que los cuentos de Gerardo De Oscar, escritor uruguayo radicado en Chile, cumplen perfectamente con la explicación de la enciclopedia.
La habilidad de escribir cuentos es un cúmulo de experiencia, buscar la precisión y la escrupulosidad, la contienda contra lo redundante y superfluo. Claro que cada autor instaura sus objetivos personales, constituye sus propios confines y encara sus propios pensamientos acerca de lo que escribe. Los cuentos de Gerardo de Oscar Y Araujo no se parecen a nada de lo que haya leído antes, ni por estilo, ni por género. Al decir de sus propias palabras El Gesto Elocuente es como una caja de bombones surtidos, hay de todo”. Efectivamente, las narraciones de este libro no se parecen uno al otro, como si cada uno de ellos fuese escrito por una mano diferente, lo cual es de admirarse. Sin duda el sello que distingue a De Oscar de todos los demás escritores es su carácter multifacético, irónico, critico, tomando clichés para despedazarlos, inspirado de una gran capacidad de perturbar a ciertos lectores, hacer reflexionar a otros y a todos ellos divertir con su multi-estilo. Cada cuento del Gesto Elocuente nos ofrece secretamente su propia definición, nutridos todos ellos de ironía, críticas, simbolismos, pero sin dejar de lado el objetivo primordial del libro: el de regocijar.

7/12/08

NN : LA PALABRA CINCELADA SOBRE EL AGUA




Por Dolan Mor*
Revista Eclipse nº 10. Universidad de Zaragoza, Facultad de Filosofía y Letras
Junio de 2008



Uno lee NN de Julio Espinosa Guerra (Chile, 1974) como si descifrara una fórmula lírica, escrita no sólo con las manos, sino, y sobre todo, con los dedos de la reflexión. Uno entra en las cuatro habitaciones de este poemario (“NN”, “Agua”, “Muestrario” y “Currículum vitae”) y se acuerda de las palabra que escribió el boliviano Víctor Montoya en El arte de escribir cuentos breves: “ escribir...es como grabar un verso...en un anillo de bodas”.

Y es que este libro, galardonado con el IX Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, exige del lector no sólo la llave de Joan Brossa para abrir la puerta inicial y entrar, como un simple voyeurista en sus páginas, sino que nos ordena en la mente el conocimiento ya aceptado de que cada laberinto conduce a otro laberinto, de que cada piedra levantada para avanzar dentro de la casa nos lleva a otra piedra, a otro obstáculo mayor.

“Busco en el diccionario / la palabra hoja / y sangra / la hoja”, dice el poeta para unir como un orfebre la realidad con el signo y definir esa señal discursiva, semántica, de aire o sonido lingüístico sobre el papel; como aparece el enigma en algunos suelos de las catedrales góticas, para llevarnos en dirección al misterio de la creación del lenguaje poético.

Pero el poeta en el libro de Espinosa sabe antes de empezar a escribir, antes de cincelar la piedra, que todo oficio heredado o viaje como escriba conduce hacia una habitación vacía y hermética: “Crear palabras / puerta / ventana / ladrillos / paredes / candados / Pero me pasan una llave / que no abre / ninguna cerradura”.

¿Qué puede hacer el artista si ha nacido para levantar hacia el abismo de las letras su condición insalvable de Sísifo? ¿Por qué la realidad lo supera, inefable? “No alcanza / es que no alcanza / la palabra casa no alcanza / ni la palabra julio / ni la palabra violín me alcanza / Ni siquiera con la palabra arañazo alcanzo la realidad”.

Y sin embargo, el poeta lo intenta, una y otra vez, porque ese es su divine punishment. “Meto la mano al fondo del idioma / y no encuentro más que una pelusa / densa y asquerosa / que no se ha barrido / en siglos”.

Entonces el vate deja de ser telúrico, lo idealiza al menos, busca el camino del agua, como Caronte quiere ser intermediario, viajar con su discurso de un sitio conocido a otro desconocido, pero el idioma de la realidad se desvanece o se multiplica en errores y dificultades junto a su oficio vano: “Tanto soñar con la otra orilla / tanta cosa absurda / tanta palabra / para al final descubrir / que debajo del río hay otro río. Este / imposible de cruzar”.

Y es que NN lleva escrito en sus aguas desde el inicio que no hay otro discurso que el silencio escrito: “Ser como el grillo / y su canto / Permanecer oculto / en las esquinas / de la casa / y decir tanto / con tan poco”. Porque a eso es, para Julio Espinosa, a lo que debemos aspirar: a recorrer como muertos, callados, las habitaciones líquidas del idioma, aunque nos extraviemos desde el anonimato, desde la parquedad.

Para Julio, debemos conformarnos con tejer el hilo de Ariadna, no la salida hipotética hacia la realidad porque ella, la realidad, es para el artista de la pluma como el viento: etérea, imposible: “Poder tejer / no la araña / sino la red invisible / de los movimientos de su tela”.

Pero, ¿no le queda acaso al poeta el camino de la metamorfosis? ¿”Cambiar de lenguaje / como la serpiente / cambia de piel?” El poeta Espinosa lo intenta, incluso quiere ser otro sujeto desde su yo biográfico, pero sabe que la metamorfosis que le aguarda es sólo el acto de imaginar que sueña un sueño y que ese estado imaginario es una vigilia sin sentido, “soñar que nunca digo nada”, o tal vez es el eco (pienso ahora mientras escribo esta reseña) de aquella otra frase que dijera Víctor Montoya en su arte de escribir : “Me volví otra vez y salí de prisa, sin dejar más palabras que el silencio a mis espaldas” y sin grabar, por supuesto, ni un solo verso en el anillo.




* Dolan Mor (Cuba, 1968) ha publicado los libros de poemas El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov's Butterflies (2007) y Los poemas colonados de Anny Bould (2008). Además ha obtenido los premios Miguel Labordeta de Poesía (2007) y Delegación del Gobierno de Aragón (2006). Su obra ha sido antologada en Los chicos están bien: poesía última (2007) y Las cuatro puntas del pañuelo: poetas de la diáspora. Desde 1999 vive exiliado en España.

28/11/08

El tigre de la memoria




Juan Mihovilovich
-escritor-

“…el partir nunca es un acto solitario/cuando la sombra del viajero se mece/
En la luna de otros lares /va con él la dispersa memoria…” (Lejos de Natales I)


Ese mamífero animal feroz y sanguinario, físicamente similar a un gato domestico cualquiera, nos sirve de antecedente visual para incursionar en estas páginas desencantadas y melancólicas del poeta natalino, amparado quizás, en esa suerte de desgarro visceral que sólo el poderoso animal interior que lleva (mos) a cuestas puede ocasionar.

La memoria de Hugo Vera es un estilete dolido y punzante de las circunstancias, del vuelo a ras de suelo, de quien carga sobre sí el peso de la poesía como arma de defensa o de ataque, que suele postergar la agonía de vivir, lúcido y consciente, de soñar siempre y de morir a cada instante, con una soledad congénita e inmisericorde, que arrastra tras de sí la causa y el efecto de rasguñar la felicidad en un reiterado intento de descubrir la belleza hasta en el triste repaso de su propia definición personal: …/soy el ejemplar más triste del universo/todo es enorme y vasto desierto/la vida anulada y el león acechando a su presa…/ (Primeras impresiones). O bien, la reiteración de la negación individual, la descripción de la absoluta desesperanza de alguien que pasa por la existencia sumando los fracasos y traumas en una sucesión de imágenes castradoras, que terminan por retornar a una infancia estigmatizante implícita, en una especie de sueño postrero, un sueño que pareciera el advenimiento de la salvación y que, no obstante, es apenas la consolidación del fracaso: …”pero ayer sucedió lo increíble…/de repente el cielo se abre y una nave espacial se posa sobre una mata de calafate/ bajan de allí mis profesores de escuela cantándome la canción del fracasado./ (Serás un fracasado o no serás nada).

La pesadez de existir recrudece con el obligado transito de un ser vivo, humanamente vivo y condenado a ser el mejor testigo de su inevitable descenso hacia la muerte, mientras surge un deseo imperioso y voraz: … ¡ah que ganas de vaciar mi cabeza!/ tantos rostros, calles, inviernos…/ Esa necesidad de olvidar y de olvidarse, de subsumirse en la negación de ser o de sustraerse al inevitable acopio de una memoria que se alza inclaudicable frente al vano intento de no ser su esclavo: …el tigre de la memoria incansable trabaja/ de sol a luna de luna a mar./ Y a su pesar, el desenlace está ahí, próximo, al interior de la propia conciencia, obnubilándola, socavando los sentidos como una expedición fúnebre: … continúo esta marcha inexorable/ con la muerte en mis bolsillos/. (El tigre de la memoria)

Por todo el libro se vierte la idea de una paradoja: el poeta Hugo Vera es presa del tigre misterioso disfrazado de presencia retentiva, de imágenes que lo asaltan sin aviso, de ideas preconcebidas en un plano de subjetividad acuciante: …/puerto natales no debiera llamarse puerto natales…/ (La vaca de mi tía Manuela). Es cierto, no debiera ser lo que parece ser. La presencia física que envuelve el entorno no es sino la idea del paraíso extraviado, y en su recuerdo feliz (la felicidad se parece a la salud, mencionó alguien: se sabe que existe cuando algo comienza a fallar en el organismo) el pueblo natal debiera llamarse… carreta, trompo, pelota número cinco, trencito a bories…Pero, he ahí la paradoja insinuada: la tragedia de la memoria está en sucumbir a los embates que la propia memoria genera, sólo que en la idea de vida transitada lo rescatable subyace en la evocación inocente, en la actitud primigenia, en aquello que lo salva –a veces- de no sucumbir al paso de las horas, los días y los años con su mochila de agobiante soledad. Tal vez por eso la imagen del tigre feroz esté asociada a la mansedumbre del gato doméstico, que algún día inició el viejo cuento de vivir intuyendo que en la casa abandonada sobrevivirá su memoria virginal como una perenne invitación al retorno.

Una poesía releída que nos invita a defendernos de los solapados inviernos que anidan las moradas oscuras del deseo…

Una poesía de verdad, auténtica, escrita con el desgarro visceral del poderoso animal interior que Hugo Vera Miranda saca a pasear de vez en cuando…o a la inversa…y que por lo mismo, se agradece.

28/10/08

Profeta en otras tierras


La escritora Carla Guelfenbein, que acaba de lanzar su novela "El resto es silencio", reconoció que le molestan los cuestionamientos a su pluma que a menudo debe enfrentar en Chile, por el sólo hecho de ser literata de carácter internacional.

"Es difícil, porque existe todavía ese prejuicio de que si tú eres superventas no escribes literatura y yo creo que ese es el gran problema. Ser superventas es maravilloso primero porque te traducen, viajan, pero por otro lado hay personas que ponen en cuestión la calidad de tu literatura por el hecho de ser leída (de manera masiva)", dijo a Una Nueva Mañana.

"Me parece increíble que todavía tenga que dar explicaciones al respecto cuando yo creo que estoy publicada en las mejores editoriales de Europa, que sólo publican literatura entonces porque aquí en Chile, en mi país, que yo quiero tanto, tengo que decir dando estas explicaciones", indicó.

De todas formas agradeció estar en un sitial de privilegio en cuanto a las preferencias de los lectores, lugar en el que dijo solamente hay colegas suyos como Hernán Rivera Letelier, Pablo Simonetti, Marcela Serrano, Isabel Allende y Roberto Ampuero, entre otros.

"El resto es silencio" es la historia de una familia moderna que vive día tras día marcada por la incomunicación. Su tercera novela tiene como discurso del desamor de la pareja madura, el reencuentro de la pasión erótica y el dolor de la pérdida familiar con el lenguaje lúdico y desprejuiciado de los niños.

31/3/08

Las editoriales no están privilegiando la calidad







Es más editado y conocido en México, y aunque él dice que por una parte se debe a su gran mercado –sólo en la capital azteca hay 22 millones de habitantes- también reconoce –y se queja-, de lo complicado que resulta publicar en Chile. “Las editoras grandes –que son tres o cuatro- tienen poca iniciativa frente a la literatura nacional, como que son agencias para la edición en Chile de los grandes best-sellers mundiales que publican en España o México. Esto atenta contra el escritor nacional, que quiere abrirse camino. Las editoriales chicas también están muy atrapadas.”

Agrega que existe una escasa o nula posibilidad de distribución internacional, a lo que se une al “gran pragmatismo” que exhiben las casas editoras y que las lleva a privilegiar las posibilidades de venta por sobre la calidad. En este panorama poco alentador destaca el carácter de Lom Ediciones, “por el importante cátalogo que ha logrado tener en estos pocos años.”

Señala que hay mucha literatura que es rechazada, que no logra traspasar las puertas de las editoriales y que es muy buena. Para mayor abundamiento le cuenta a la conductora de Vuelan las Plumas, Vivian Lavín, que hace tiempo que le da vueltas a la idea de publicar una antología con los mejores cuentos de grandes escritores chilenos olvidados, libro que dice sería un verdadero aporte al conocimiento y difusión de estos valores literarios. Sin embargo, dice, no hay ninguna editorial que hasta el momento se interese por un libro de este tipo. Queda lanzada la idea...

Poli Délano ha vivido muchos años en México, de niño y de adulto. De niño tuvo la suerte de conocer muy de cerca al poeta Pablo Neruda, cuando vivió con él en la quinta “Rosa María”. Su padre –el escritor Luis Enrique Délano- y Neruda, eran cónsules de Chile en la capital azteca y compartieron esta gran casona donde Poli convivió con el poeta, al que recuerda como “muy divertido y bromista”. Cuenta que una vez que salieron a tirar flechas cerca de las pirámides de Teotihuacán, con un arco que Neruda le había comprado en la ciudad de Nueva York, se llevó una sorpresa mayúscula cuando comprobó que una de estas flechas había atravesado, medio a medio, a una culebra. Atónito, Poli-niño le preguntó a Neruda qué significaba eso. Y el poeta le respondió tranquilamente : “Es el azar”. “Era la primera vez que escuchaba esa palabra y me quedó dando vueltas y el azar ha seguido siendo una preocupación para mí”, dice.

Policarpo y Neruda

Esta gran riqueza que representó su relación de niño con el poeta, la volcó en su libro “Policarpo y el tío Pablo”, publicado bajo el sello de Random House-Mondadori y que presentó hace pocos días también en México. “Son siete historias que saqué de mis recuerdos, entre las que está también aquella del Tejón traicionero”. Este cuento relata la historia de un tejón que llevó el poeta a la Quinta Rosa María y que mordió a medio mundo, entre ellos a Poli, quien debió pasar una Navidad en una clínica, herido por este insaciable carnívoro.

Dice que este libro es su aporte a este año de homenajes al poeta. Es la mirada de un niño “y yo tuve la suerte, o la ocasión, de ser ese niño”, añade. Y agrega que Neruda ya se ha convertido en un personaje de ficción. La obra de Skármeta –Ardiente paciencia, que se convirtió en la exitosa película El cartero de Neruda- y la del joven escritor Cristián Barrios –El tango el viudo- son ejemplos de esta nueva dimensión del vate.

Délano también se refirió n a su relación con dos grandes escritores mexicanos que están teniendo mucho que ver con Neruda, por las actividades relacionadas con el centenario del natalicio del poeta. Carlos Fuentes, quien acaba de participar como jurado del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, y el primer ganador del galardón, otorgado recién este martes, el escritor José Emilio Pacheco.

De este último dice: “Somos amigos casi desde que yo llegué a México, es una persona prácticamente de mi generación y muchas veces estuvimos juntos en actividades literarias y antes de que se lo dieran me hice una terna de los posibles ganadores, en la que incluí al nicaragüense Ernesto Cardenal, al argentino Juan Gelmann y al mexicano José Emilio Pacheco. Me alegro mucho y lo felicito muy cordialmente. Me encanta su poesía”, dice.
De Carlos Fuentes señala que “es uno de los grandes narradores de nuestro continente. Lo conocí en 1962 y desde entonces hemos sido amigos. He sido admirador y seguidor de su obra y tengo dentro de ella mis preferencias. Me gustan mucho sus primeras novelas, entre ellas Las buenas conciencias, y La región más transparente, una novela de mucho nervio, rápida, compleja, novela que empieza a cambiar la dirección de la narrativa latinoamericana y en la que reconozco influencias de Willliam Faulkner.

Y sobre la influencia de la narrativa norteamericana en su propia escritura, Délano no duda en adjudicarle un papel fundamental. “Mis maestros y los de una buena parte de mi generación fueron los narradores norteamericanos de los años ’30 y ’40 . Ellos nos mostraron cómo escribir sin tiesuras, sin almidón, sin gomina, sin solemnida.”

Luis Enrique Délano y Lola Falcón.

Délano también se refirió a sus padres, el escritor Luis Enrique Délano y la fotógrafa Lola Falcón. Dice que los libros de su padre se reeditan periódicamente y este año saldrán nuevas reediciones, entre ellas, algunos tomos de su autobiografía. De su madre, la gran fotógrafa Lola Falcón, recuerda que “fue una persona que agarró la cámara y no la soltó más”. Tuvo el azar, dice, de vivir durante el siglo XX en zonas que revistieron mucha importancia, como el París de los años 20, el París de Picasso, de Hemingway, de Fitzgerald; vivió en el México post Cárdenas, cuando ya se había fraguado la Revolución mexicana; vivió en la China de Mao. “Tuvo una gran geografía que captar con su lente y ella andaba siempre con su máquina”. Dice que el año pasado se hizo una exposición y este año también se realizará una nueva muestra de su arte, la que anunciará oportunamente para los auditores de Vuelan las Plumas

Délano se refirió también a su posición -como prolífico escritor- entre el cuento y la novela. Sobre el primero dice que no le apasiona tanto como la novela –aunque le gusta mucho- ya que esta última no la puede terminar de una vez, como hace con el cuento, y así, señala, tiene la grata posibilidad de vivir y estar más tiempo con ese mundo y esos personajes en particular.

Dice que no relee sus obras y que a veces le ha tocado hablar sobre sí mismo y ahí relee para saber cuál personaje está en cuál de sus obras y así no equivocarse. Cuenta que su última novela la escribió en un mes y medio, con seis horas de trabajo diarias , y gastó más tiempo en trabajarla y pulirla. Añade que no escribe para un público especial ni tiene en su mente al lector. “Sólo escribo”, dice.

La prolífica pluma de Délano ha dado vida a libros como Gente solitaria (1960) Amaneció nublado(Chile, 1963),Vivario (Chile, 1971), Cambio de máscara (Cuba, 1973), Como buen chileno (Argentina, 1973), Sin morir del todo (México, 1975), Dos lagartos en una botella (México, 1975), Veinticinco años y algo más (Chile, 1985), Como una terraza en la quebrada (Chile, 1987), Un leopardo en la cumbre de un volcán (Cuba, 1989), Cuentos escogidos (México, 1994), Cuentos (Chile, 1996), Solo de Saxo(México,1998); las novelas Cero a la izquierda (Chile, 1966), En este lugar sagrado (México, 1977 - primera edición), Piano-bar de solitarios (México, 1983-primera edición), El hombre de la máscara de cuero (Chile, 1984- primera edición), Como si no muriera nadie (Chile, 1987), Casi los ingleses de América (Chile, 1990), Muerte de una ninfómana (Chile, 1996, Lom), Humo de trenes (Chile, 1997), La cola (México, 1999) y Este banco del parque, su última novela hasta la fecha y publicada por Mondadori en el 2002.

3/8/07

El Mejor de su generaciòn ,y el Dolor de no tenerlo màs


ROBERTO BOLAÑO (1953-2003)




BIOGRAFÍA

En el Cementerio de Les Corts, en Barcelona, serán incinerados hoy (16:07:03) los restos del escritor chileno Roberto Bolaño, quien murió anteanoche en esa ciudad, a los 50 años, debido a una grave enfermedad hepática que desde hace dos semanas lo tenía hospitalizado y a la espera de un transplante de hígado.

Siguiendo la voluntad del multipremiado autor, quien imaginaba su funeral como “una ceremonia vikinga”, sus cenizas serán llevadas a Blanes (localidad costera en la que vivió durante más de veinte años) para ser arrojadas al Mediterráneo por su hijo Lautaro.

Escritor nacido en Santiago de Chile, Bolaño ha llevado una existencia trashumante. A los 15 años estaba viviendo en México, donde comenzó a trabajar como periodista. En el 73 regresó a su país y pudo presenciar el golpe militar. Se alistó en la resistencia y terminó preso. Unos amigos detectives de la adolescencia lo reconocieron y lograron que a los ocho días abandonase la cárcel. Se fue a El Salvador: conoció al poeta Roque Dalton y a sus asesinos. En el 77 se instaló en España, donde ejerció (también en Francia y otros países) una diversidad de oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador. Hasta que, en los 80, pudo sustentarse ganando concursos literarios.

A Roberto Bolaño el reconocimiento le llegó tarde, pero seguro. Apenas hace ocho años que ppodía vivir de la literatura, ya que antes se dedicó a ejercer todo tipo de profesiones para sobrevivir, pero ahora parece haberse instalado definitivamente en el a menudo poco lucrativo oficio de escribir. Aunque su pasaporte lo califique de chileno, lo cierto es que Bolaño ha vivido en cualquier parte menos en Chile: Estados Unidos, México y finalmente España han sido sus residencias. A Barcelona llegó también a causa del azar, ya que se disponía a ir a trabajar a Suecia, pero la enfermedad de su madre, residente en España, hizo que fuera al país a visitarla y cuidarla. Barcelona le sedujo entonces, con su atmósfera de liberación política y sexual, y se enamoró de ella. Y en ella aprendió muchas cosas, como a no vivir rodeado exclusivamente de gente relacionada con la literatura. Actualmente vivía en Blanes, en la Costa Brava.

En 1993 publicó la novela La pista de hielo, y en 1996 La literatura nazi en América, una serie de bibliografías de escritores afines a las ideas de Hitler escritas con todo detalle y totalmente inventadas tomando la idea de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob. Con ella logró a sus 43 años ser aclamado por la crítica. Después publicó Estrella distante, una novela con la que consolidó la reputación recién adquirida, y el libro de cuentos Llamadas telefónicas, que le consagró como uno de los mejores escritores contemporáneos de Hispanoamérica. Los premios le llegarían poco después, con su siguiente novela Los detectives salvajes, publicada en 1998, que le valió el Premio Herralde, el Premio del Consejo de Chile en 1999 y el Premio Rómulo Gallegos en el mismo año. Este último fue sin duda el de mayor importancia, ya que lo han logrado escritores ilustres como García Márquez o Vargas Llosa y está considerado como el Nobel latinoamericano. Los detectives salvajes, que el editor Jorge Herralde calificó de "thriller wellesiano", está protagonizada por dos hombres embarcados en la búsqueda durante 20 años de una escritora mexicana desaparecida durante la revolución, y contiene rasgos autobiográficos. La novela se desarrolla en multitud de países: Liberia, Israel, Angola, Francia, Estados Unidos, España... y representa a una generación nacida en los años cincuenta a la que une un cierto nomadismo, la entrega a ideales revolucionarios, el deseo de cambiarlo todo y la utopía de la revolución. Posteriormente Bolaño publicaría las novelas Amuleto, en 1999, y Monsieur Pain, en el mismo año, y el poemario Los perros románticos en el 2000. Amuleto es otra aclamada novela; está constituida por el monólogo visionario de Auxilio Lacoture, la madre de todos los poetas de México, y es un homenaje a los estudiantes víctimas de la matanza de la plaza de las Tres Culturas.. Su última obra hasta la fecha es el libro de relatos Putas asesinas, publicado en el 2001.

Con los premios que se le han otorgado se ha reconocido finalmente la gran capacidad de fabular de Bolaño, su agudo y negro sentido del humor y su gran cultura idiomática, fruto de las estancias en varios países de América Latina. Su estilo ha sido descrito como seguro, elegante y desenvuelto, con una estética de lo singular y lo excéntrico y una exploración de vidas y mundos excepcionales. El autor resulta mucho más lacónico al describir sus obras, y por ejemplo habla de Los detectives salvajes como "una novela de aventuras con sexo, drogas y rock & roll". Y es que Bolaño es admirador de los beatniks y fanático de Lou Reed, pero también devoto de Borges y Cortázar, con quienes algunos críticos gustan de compararle. Y su imaginación y sentido del humor quedan reflejados en las frecuentes trampas o bromas literarias que suele hacer en sus libros, como por ejemplo el hecho de hacer aparecer al personaje final de Literatura nazi en América, Ramírez Hoffman, en el libro Estrella distante, pero en esa ocasión con el nombre de Wieder, que en alemán quiere decir "otra vez". Estas triquiñuelas ayudan a Bolaño a sobrellevar las horas de escritura que cualificaba en una entrevista de "solitarias y a menudo aburridas", a la vez que demuestran que él concibe, aunque insiste en que es de manera humilde, el conjunto de su obra en prosa e incluso una parte de su poesía como un todo. Un todo estilístico y argumental, donde los personajes aparecen y desaparecen para dialogar entre sí. Y para enriquecer igualmente las vidas de los lectores.


BIBLIOGRAFIA

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, en colaboración con Antoni
García Porta, 1984
La pista de hielo, Planeta, 1993
La literatura nazi en América, Seix Barral, 1996
Estrella Distante, Anagrama, 1996
Llamadas telefónicas, Anagrama, 1997
Los detectives salvajes, Anagrama, 1998
Amuleto, Anagrama, 1999
Tres, El Acantilado, 2000
Los Perros Románticos, Lumen, 2000
Monsieur Pain, Anagrama, 2000
Nocturno de Chile, Anagrama, 2000
Putas asesinas, Anagrama, 2001


ESTUDIOS SOBRE ROBERTO BOLAÑO



Los poetas chilenos luchan contra el fascismo. Prólogo y selección: Sergio Macías, Berlín RDA, Comité Chile Antifascista, 1977.
Lara y Epple, Chile: poesía de la resistencia y el exilio, Editorial Ámbito Literario, Barcelona,1978.
Chile: poesía de las cárceles y el destierro. Madrid, Ediciones Conosur, 1978. (Serie cultura 1).
Paula Edwards, Antonio Gil, Armando Rubio, Ricardo Willson y otros: Poesía para el camino. Antología. Unión de Escritores Jóvenes. Santiago, Nueva Universidad, 1977.
Poetas chilenos de hoy. Selección de Daisy Benett y Ariel Fernández. Santiago, Ediciones Tamarugal, 1977. Tomo 1.
Teresa Calderón, Mili Fischer, Álvaro Inostroza, Natasha Valdés y otros: Uno por uno. Algunos poetas jóvenes. Santiago, Editorial Nascimento, 1979.
José Luis Rosasco: "La generación del setenta" en Atenea 436 (Concepción, segundo semestre, 1977).
Alfonso Calderón: Antología de la poesía chilena contemporánea. Santiago, Editorial Universitaria,
1970.
Poesía joven de Chile. Selección y Prólogo de Jaime Quezada. México, Siglo XXI, 1973. (Colección Mínima Nº 63).
Nueva poesía joven en Chile. Selección, ordenamiento y notas de Martín Micharvegas. Buenos Aires, Ediciones Noé, 1972.


PREMIOS:

Herralde (1998),
Rómulo Gallegos (1999)
Premio Literario internacional Ciudad de San Sebastián (1997)


1/8/07


¿Escritores olvidados?

por Susana Boéchat*



Cuando leí la convocatoria de un conocido Congreso de Escritores, no era mi intención hablar sobre este tema y las connotaciones que implican los términos escritores olvidados, sino referirme a la obra de una escritora de la Generación del 70, no conocida ,ni difundida suficientemente. Pero “el diablo metió la cola” como dice el dicho popular y esta amiga se consideró ofendida al ofrecerme para hablar sobre su obra, ya que consideraba que ella era suficientemente conocida y reconocida en su ciudad natal. Frente a la autoestima de mi amiga sobre la valoración de su propia obra y las limitaciones del concepto escritor olvidado, decidí escribir algunas reflexiones al respecto; hacerme preguntas, tal vez sin respuestas ciertas, repleta de interrogantes que quiero compartir con Uds.

Primeramente registro el significado de olvido en el Diccionario de la Lengua Española. Cito textualmente: del latín oblitus: falta de memoria o cesación del recuerdo que se tenía de una cosa o persona//cesación del cariño que se tenía//descuido de algo que debía tenerse presente.

O sea se presume que alguien o algo ha existido pero que está en una zona gris, guardada en el inconsciente pero que no aflora en el tiempo presente a nuestra memoria. Me llamó la atención la expresión “cesación de cariño, descuido”.Quiero detenerme en esta acepción. ¿Acaso no es un descuido, un cese de amor de nuestra parte no rememorar a grandes escritores desaparecidos? Estos cuestionamientos me hicieron pensar sobre los límites semánticos del “olvido “y “lo olvidado”.Por otra parte “el olvido “conlleva otros vocablos bordeando sus límites: los de “memoria” y “recuerdo”.

En la antigüedad, tal como opina el estudioso español José Luis Catalán Bitrián, existieron mitos acerca de la memoria, como por ejemplo las series dedicadas a MNEMOSINE entre los griegos. Platón, en su República, nos habla de una versión, de tradición pitagórica, en la que las almas de los muertos beben en el agua del Leteo y así ocurre que olvidan sus vidas anteriores antes de renacer. Este mito apunta a la experiencia de renacimiento que implica recordar. Efectivamente, eran una práctica común en los círculos pitagóricos los ejercicios de memoria para recordar los sucesos diarios y así llegar a tener presente la vida transcurrida, incluso vidas anteriores, como una forma, atenuada si se quiere, de inmortalidad.

Paralelamente a las distintas construcciones mitológicas se desarrollaba en Grecia una tecné del recuerdo, de la que representa un hito Simónides, con su arte de ordenar el material a memorizar de los discursos en el ágora. Se hacía cada vez más decisivo el desarrollo de la nemotecnia en la medida que se complicaba la cultura. Estas técnicas fueron retomadas por la tradición latina y más tarde por la escolástica.

En cada momento histórico, por supuesto, la función de la memoria se ha visto según las coordenadas socio-intelectuales del momento.

Es imprescindible tener en cuenta que todo lo que se olvida o se recuerda tiene que ver con lo que nos está interesando hacer en el presente. No existe túnel del tiempo. La memoria no es un video literal sino una especie de habilidad cinematográfica de resumir lo sucedido de una manera verosímil. El pasado se recrea cada vez que recordamos. Recordar es una forma de representarnos algo que sabemos. Las imágenes del pasado son representaciones. La memoria no refiere sólo a lo que una persona aislada pretende archivar, sino que también puede ser colectiva.

Me referiré en forma concreta a escritores argentinos que pueden ser considerados olvidados o no, de acuerdo a las representaciones que tengamos como lectores. El término “olvido “incluye a integrantes de generaciones tan importantes como la de Boedo (1920), de la cual se rescatan del historial bibliográfico sólo algunos nombres que siguen mencionándose tan sólo en medios radiales, sobre todo en el género poético. Hemos rescatado sin embargo a ARLT, que por suerte sigue vigente en representaciones teatrales y producciones cinematográficas. Existen actualmente dos producciones inspiradas en él, que figuran en la cartelera de espectáculos en la ciudad de Bs As:”OREJITAS PERFUMADAS”, en el teatro Presidente Alvear y “TEATRO A CIEGAS”, con “La isla desierta”, en la ciudad cultural Konex. El mismo Mallea, en el “Grupo Florida”, coetáneo de Borges, es poco conocido para el gran público y su nombre sigue apareciendo tímidamente en diarios de primera línea, alejado del conocimiento del gran público, en suplementos culturales como “La Nación” del que fue colaborador asiduo.

De los que cultivaron poesía se hace más notorio el olvido. ¿Quién recuerda a Banchs y Conrado Nalé Roxlo, a pesar de que los de mi generación los recitábamos, memorizando sus versos en la escuela primaria o secundaria? Hasta figuras no tan alejadas en el tiempo, como la gran santafecina Amelia Biagioni no escapan a la no memoria.¿Quién conoce su poesía que no sea del ambiente literario o de su suelo santafecino?

Se recuerda a Alfonsina Storni cuyo suicidio atrajo más la mirada sobre su obra, incluso de neófitos, inmortalizada en la piedra y en la canción. En el ámbito americano, ¿quién compra poesía del gran ensayista Octavio Paz, con versos espléndidos por su lenguaje y filosofía?

En la narrativa sucede algo semejante. Un caso cercano es Isidoro Blainstein, Soriano, Dal Masseto, que sólo son buscados en las librerías por conocedores. Con respecto a Di Benedetto, se ha anunciado este mes la reedición de sus cuentos, una película recién estrenada, se inspiró en su obra “Los suicidas”, pero ¿qué pasa con su obra cumbre, la novela ZAMA?

Al gran público le entusiasma el best-seller, el libro de Autoayuda o de Psicología en recetas, aunque sin embargo son de gloria efímera en esta postmodernidad vertiginosa del cambio constante, los éxitos y fracasos súbitos y delirantes. Borges y Sábato son reconocidos allende las fronteras argentinas. Bioy Casares, se halla, en difusión, un paso atrás.

En poesía, quedan algunos reductos combatientes contra el Olvido y a favor de la Memoria: alguna audición radial, cafés literarios donde generalmente los asistentes se conocen entre sí y “cambian figuritas”: “hoy te toca leer a vos, la otra semana a mí, la otra a Fulanito, donde se lee poesía contemporánea actual en un esfuerzo denodado de publicidad y permanencia. A veces, contadas veces, y de vez en cuando, y no en todos, se leen versos de algún gran poeta. Pero no nos equivoquemos, son sueños utópicos que se estrellan frente a una realidad apabullante: la gente en su mayoría no lee como en décadas pasadas. La lectura ha sido avasallada por la imagen. Si alguien compra del gran público, elige un bestseller o ensayo político escandaloso. No nos engañemos tampoco con las cifras fabulosas de recaudación de la Feria del Libro de Bs As. Se trata de la venta de un gran número de textos escolares, best-sellers y ejemplares de literatura infanto-juvenil; sin embargo debemos recalcar que la Poesía y las Revistas Literarias, en el 2006 tuvieron un lugar, un pabellón aparte y bien ubicado.

Señalamos que tampoco son moneda segura para la Memoria los cargos políticos o gremiales a los que acceda en vida un escritor. Además debemos delimitar el concepto de escritor “reconocido” en oposición al “olvidado”. ¿Cuál es en realidad? ¿El conocido por todo el pueblo? ¿El identificado con una nacionalidad? ¿El recordado en críticas y – o artículos especializados en las revistas literarias y en los suplementos culturales de los principales diarios del país? ¿El que es estudiado en escuelas y universidades? ¿Aquel cuyos libros se venden mucho en nuestras librerías? Si se trata de esto último, no sé si se pueden contar con los dedos de las dos manos los escritores que venden suficientemente para mantenerse económicamente con la escritura. A mi entender son importantes los libros y antologías publicadas de cualquier género. La oralidad, según mi criterio, no es una forma permanente de transmisión a no ser lo ocurrido con obras excepcionales entroncadas con la historia como fueron en España los cantares de gesta y romances, y en nuestro país el género gauchesco, trasmitido primero oralmente antes de su plasmación cumbre en el “Martín Fierro”.

Creo también útil para la Memoria la obra difusora de las revistas literarias, los suplementos culturales de todos los diarios, capitalinos y del interior del país, los boletines informativos de asociaciones literarias. La lengua escrita, desde el principio de su aparición, asegura la permanencia. También creo en la tecnología que permite una mayor comunicación y permite la presencia de páginas web personales, diarios y revistas cibernéticas que se suman a las impresas. La tecnología, en suma, ayuda, y no es competitiva con lo impreso; sirve para complementar, para aunar esfuerzos contra el olvido.

En otros países han tratado de fortalecer la Memoria del pueblo hacia sus escritores con acciones originales, dignas de destacar. En España existe una institución llamada Centro de Estudios de la Reforma, cuya sigla es CER, que se ocupa de los escritores olvidados en cada región de España y hacen exposiciones de sus obras (esto sucede en Cataluña, Galicia, Valencia, Extremadura, Castilla, León y Andalucía).

En Brasil, en Río Grande do Sul, en Porto Alegre y zonas aledañas, cercanas a las colinas, se escriben en las paredes, en fechas especiales, poemas de sus escritores, para ser leídos por todo el pueblo. En Chile se recuerda a los grandes poetas Pablo Neruda y Gabriela Mistral en billetes impresos de moneda nacional, de circulación corriente y permanente. He visto en México (Distrito Federal), comprar libros de autores latinoamericanos, por parte de gente del pueblo, en las secciones de librerías muy completas, adjuntas a los kioscos en las principales avenidas de la ciudad.

En Internet, figura una obra literaria que se ocupa del tema, titulada “El común olvido “de Silvia Mohillo, donde se esboza una esperanza, ya que su comentarista, Tamara Kamezián nos habla de la esperanza de un encuentro entre el que espera y el otro:”se puede decir que aún cuando no se acordó ninguna cita o justamente por eso, existe la sensación permanente de que alguien, irremediablemente va a acudir. El gran poeta español Luis Cernuda se refirió al tema que tratamos en el siguiente poema, escrito en 1931:

DONDE HABITE EL OLVIDO
Donde habite el olvido
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

3/9/06

ESCRITORES DE CHILE
















































































































































    Reinaldo
    Lomboy